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Jueves 23 de junio de 2016

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Yoko Ono, la gran provocadora

Nació en cuna de oro y fue la primera mujer estudiante de Filosofía de Japón. Su vida personal y su arte despiertan todo tipo de sensaciones. Es imposible ser indiferente a Yoko Ono, que este mes presenta en Buenos Aires su muestra Dreams Come True. Mucho más que la viuda de John Lennon.

 
 

 

Yoko Ono es esa niña que creció en una familia aristocrática de Japón, la que tuvo que luchar por la custodia de su hija Kyoco, la que se casó con John Lennon, la acusada de separar a The Beatles y la que vio cómo el amor de su vida moría acribillado por un loco. Pero Yoko Ono también es esa mujer de vanguardia, pintora, poeta, escultora, cantante y cineasta. Una artista que afirma: "No espero que la gente me comprenda, pero aspiro a que sientan algo con mis trabajos, que los emocione y quizá que los inspire".

Alguna vez Yoko fue definida como la viuda más famosa del planeta, destronando a la mismísima Jacqueline Kennedy. Ono nació el 18 de febrero de 1933, en Tokio. Su familia formaba parte de la aristocracia japonesa, propietaria de bancos, emparentada con el Emperador y descendiente de samuráis. No tuvo una infancia feliz, en un reportaje se sinceró: "Mi madre estaba muy ocupada con su propia vida. Era pintora y estaba en busca de algo. Se enamoró locamente de mi padre y se repitió la historia de siempre: los niños resultaban molestos para el idilio". A los cuatro años la inscribieron en una escuela para chicos con talento especial para la música y llegó a ser concertista. Padecer la Segunda Guerra Mundial le imprimió un anhelo de paz que la marcaría para siempre. Durante el conflicto, su familia fue despojada de varios bienes. Yoko recuerda un hecho que la marcó. La comida escaseaba y para animar a su hermano, le propuso escribir un menú para la cena… en papel imaginario. Ahí descubrió el poder para crear objetos que causaran experiencias internas en cada persona, con el tiempo lo aplicaría a su arte. Cuando terminó la guerra, Yoko volvió a Gakushuin, una de las escuelas más exclusivas del país. Allí fue compañera del príncipe Akihito, actual Emperador de Japón. En 1951, se inscribió en la universidad y logró ser la primera mujer estudiante de Filosofía. Se interiorizó en el existencialismo, el marxismo y otras disciplinas filosóficas, además conoció las ideas pacifistas. Luego de un tiempo, abandonó los estudios y se mudó con su familia a New York, donde se especializó en composición y poesía contemporánea en el Sarah Lawrence College.

Al tiempo, comenzó una carrera artística vinculada a la música de vanguardia, las películas experimentales y las performances. Desarrolló un arte conceptual y participativo en el cual las ideas son más importantes que las formas o las técnicas de realización. Una muestra de ello fue el concierto que organizó donde el público tenía que imaginar la música. Sus trabajos atrajeron la atención de personalidades como Peggy Guggenheim, Marcel Duchamp, George Maciunas. En 1964, publicó Pomelo (Grapefruit), un libro de instrucciones, lemas, consignas conceptuales y dibujos. Una edición salió a la venta en Buenos Aires, en una traducción que Pirí Lugones hizo para Ediciones de la Flor. Yoko se casó con el músico de vanguardia Toshi Ichiyanagi, pero tras varios años viviendo separados, se divorció en 1962. En ese tiempo se convirtió en fundadora de Fluxus, un grupo experimental de músicos y poetas inspirados en el dadaísmo. Tras pasar por una clínica psiquiátrica por un intento de suicidio, Yoko conoció al productor de cine Anthony Cox, que se convirtió en su segundo marido. Con él tuvo a su hija Kyoko. Sin embargo, la llegada de la niña no logró que el matrimonio pudiera superar una relación complicada. Tras un divorcio conflictivo, Yoko Ono no pudo ver a su hija por más de veinte años. En una entrevista con The Sunday Telegraph, describió esa experiencia: "Fue muy duro. Yo la recordaba como una niñita y vivía comprándole pequeños sweaters de cachemir que se apilaban en mi vestidor hasta que un día alguien me dijo: ‘¿No entendés que ella ya tiene 26 años y debe estar tan alta como vos?’. Ella sabía que yo era su madre, pero amaba mucho a su padre y él le había advertido que si me buscaba no lo vería más".

 

El año 1966 convertiría a Yoko en la "artista desconocida más famosa del mundo". Realizaba su primera exposición en Londres y hasta ahí llegó John Lennon convencido de que se encontraría con una orgía tras escuchar hablar de "una japonesa loca que martilla clavos cósmicos y se mete desnuda en una bolsa". Ella desconocía quién era él. "Yo sé que nadie me va a creer, pero juro que no tenía la menor idea de quién era ese tipo ni de los Beatles –contó–. Había escuchado de un grupo que desmayaba a las chicas cuando salía a escena, pero no mucho más. John me pareció simpático, atractivo, encantador". Lennon se acercó a una pieza de la artista, Ceiling Painting, las instrucciones pedían que se subiera a una escalera, tomara una lupa que colgaba y la usara para leer un letrero pegado al techo. El músico obedeció y se sorprendió con lo que decía: sí. Después se acercó hasta una tabla llena de clavos con un cartel que explicaba que la "pintura" no estaría terminada hasta que la tabla estuviera cubierta de clavos. Al tratar de poner uno, Yoko Ono lo interrumpió para decirle que hacer eso le costaría cinco chelines. Él siguió la broma y respondió: "Entonces clavaré un clavo imaginario y te pagaré con cinco chelines imaginarios". Años después, Yoko reconoció que lo suyo no fue amor a primera vista, sino más bien un proceso de conocimiento profundo que partió de leer sus libros y escuchar su música.

 

El 20 de marzo de 1969 y luego de separarse de sus respectivas parejas, se casaron en Gibraltar. Comenzaron una serie de actividades artísticas juntos como la famosa Bed-in for Peace, para protestar contra la Guerra de Vietnam. En un cuarto del hotel Hilton de Ámsterdam colgaron carteles que decían Bed Peace y Hair Peace, se vistieron con pijamas blancos e invitaron a la prensa a fotografiarlos durante el encierro voluntario que duró siete días. "La gente debería dejar de pelear y mejor quedarse en cama", proponía Yoko. Aunque nunca se arrepintió de este amor, llegó a declarar en alguna ocasión: "De cierta manera ambos arruinamos nuestras carreras por unirnos". Ella pasó de ser una artista de vanguardia a "la bruja que separó a The Beatles" y él dejó la banda más famosa del mundo. Las presiones eran muchas y en 1973 se separaron. Volvieron a estar juntos 18 meses después. En conjunto crearon performances, films y piezas musicales como la banda Plastic Ono Band. Además tuvieron a su único hijo, Sean. El 8 de diciembre de 1980, John Lennon fue asesinado en la puerta de su casa. Murió en los brazos de Yoko que, destrozada por la pérdida, permaneció de duelo varios años. "Yo desperté gracias a mi hijo. Lo que me mantuvo viva fue el deber de velar por él", contó. En los años 90, volvió a participar en exposiciones de arte, intervenciones en espacios públicos y participaciones musicales con reconocidos artistas. Su interés por internet la convirtió en una de las primeras celebridades que se interesó por usar el medio para exposiciones virtuales, también en utilizar twitter. Heredera de una fortuna de 356 millones, logró duplicarla gracias a los derechos de autor. A sus 83 años, Yoko Ono visitará la Argentina (ver recuadro). Seguramente ataviada de negro volverá a repetir que "el poder de las mujeres está en su inteligencia y en la sabiduría para cambiar su posición en la sociedad". Algo que ella cumplió con creces.

Una muestra imperdible

 

Del 24 de junio hasta el 31 de octubre se presentará en el Malba Dream Come True la primera exposición individual de Yoko Ono en la Argentina. La muestra está compuesta por más de 80 trabajos, que incluyen objetos, videos, films, instalaciones, sonidos y grabaciones producidos desde principios de los 60 hasta la actualidad, y tiene como eje las llamadas Instructions Pieces, que Ono desarrolla desde hace más de cincuenta años.

A través de su trabajo, la artista crea diferentes tipos de relaciones con sus espectadores, invitándolos a jugar un papel activo en el proceso creativo de su obra. Mediante el uso de un lenguaje claro, ella produce objetos, eventos, rituales y acciones, cuya precisa elaboración se consuma material y mentalmente a través del público. La exposición contempla dos instancias: por un lado, la muestra en las salas del Malba; por otro, Yoko Ono invita a las mujeres de América Latina a participar de su proyecto Airsing / Resurgiendo que comenzó en 2013 y ya cuenta con cientos de miles de testimonios. Las mujeres que sufrieron algún tipo de violencia de género pueden enviar una fotografía de sus ojos acompañada de un testimonio personal que se puede firmar con el nombre de pila pero sin nombre completo. No hay límite de edad para participar. Los testimonios podrán subirse hasta el 16 de octubre en www.malba.org.ar/arising y formarán parte de una instalación multimedia que se exhibirá durante la muestra.

Por Susana Ceballos..

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